Joan Colom

11 julio 2026 - Fotógrafos -

Joan Colom: el contable que fotografió el alma del Raval

Un fotógrafo autodidacta que retrató la Barcelona marginal de los años sesenta con una Leica escondida y una mirada sin precedentes

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Un contable con una Leica en el Barrio Chino 

Joan Colom i Altemir nació en Barcelona en abril de 1921 en el seno de una familia modesta, y su vida profesional transcurrió durante décadas en un despacho: fue contable en una empresa hasta su jubilación en 1986. Nada en su trayectoria sugería que llegaría a convertirse en uno de los fotógrafos más importantes de la historia de España. Sin embargo, a mediados de los años cincuenta, Colom descubrió la fotografía de forma tardía y completamente autodidacta. En mayo de 1957 se inscribió en la Agrupació Fotogràfica de Catalunya (AFC), donde entró en contacto con otros fotógrafos y comenzó a desarrollar su propia visión. Desde el primer momento, su interés fue claro: no quería hacer fotografía de estudio ni de paisajes pintorescos. Quería fotografiar la vida tal y como era, con toda su crudeza y su verdad, en los márgenes de la Barcelona oficial y turística.

Armado con una Leica M2, Colom comenzó a recorrer los fines de semana el barrio del Raval, conocido entonces como el Barrio Chino, el barrio bajo de Barcelona. Se trataba de una zona de prostitución, delincuencia, miseria y también de una vida comunitaria intensa y desbordante, un territorio que la Barcelona franquista prefería ignorar. Colom vestía con traje y corbata, como cualquier oficinista de vuelta del trabajo, y paseaba por las calles del Raval con la cámara colgada al cuello pero sin levantarla al ojo. Fotografía sin apuntar, disparando desde la cintura, con la Leica oculta y sin que los sujetos fueran conscientes de que estaban siendo retratados. Esta técnica, que hoy puede parecer convencional en la fotografía de calle, era entonces una ruptura radical con la tradición fotográfica española, dominada por la estética academicista de las agrupaciones fotográficas.

Más de dos años en el Raval: un archivo de la Barcelona oculta

Durante más de dos años, entre 1958 y 1961, Joan Colom recorrió incansablemente las calles del Raval. Cada fin de semana, sistemáticamente, exploraba sus callejones, sus bares, sus plazas y sus rincones más oscuros, construyendo un archivo visual que constituye uno de los testimonios más potentes sobre la Barcelona de la posguerra. Sus imágenes en blanco y negro muestran prostitutas en las puertas de sus cuartos, parejas bailando en bares atestados, niños jugando entre la suciedad, transeúntes anónimos, miradas cómplices, gestos de ternura inesperada y escenas de una violencia contenida que traslucen la dureza de la vida en los márgenes. Lo que hace extraordinaria la obra de Colom no es solo la calidad de las imágenes individuales, sino la dimensión serial del proyecto: fue uno de los pioneros en España en concebir la fotografía como serie narrativa, como un relato que se construye a través de la acumulación y la repetición de imágenes.

El resultado fue un cuerpo de trabajo que rompía con la tradición estetizada de sus mayores en la fotografía catalana. Donde otros fotógrafos buscaban la belleza formal, Colom buscaba la verdad social. Donde otros encuadraban cuidadosamente para lograr composiciones armónicas, Colom aceptaba la imperfección del disparo a ciegas como parte de su lenguaje. Las imágenes resultantes, a veces desenfocadas, a veces descentradas, poseían una energía y una autenticidad que las fotografías más pulidas jamás habrían logrado. En la Fondation Henri Cartier-Bresson de París se ha podido ver una selección de 85 copias en blanco y negro de este período, testimonio del reconocimiento internacional que su obra ha alcanzado décadas después de ser creada.

El escándalo de 1964 y el silencio impuesto

La primera gran salida pública del trabajo de Colom sobre el Raval se produjo en 1962, cuando publicó una selección de sus fotografías en la revista AFAL, la publicación más influyente de la fotografía española del momento. Colom acompañó las imágenes con una autobiografía lacónica que se ha vuelto legendaria: «Edad: 40 años. Profesión: contable. Aficiones: música y fotografía. Motivo de mis fotografías: la calle y las gentes que la pueblan». Esta declaración de principios resumía a la perfección la filosofía de un fotógrafo que nunca pretendió ser artista sino testigo. Al año siguiente, en 1963, las fotografías se exhibieron en la Sala Aixelà de Barcelona con éxito y, también, con controversia.

Pero fue en 1964 cuando la controversia estalló. Una persona reconocida en una de las fotografías del Barrio Chino amenazó con demandar a Colom, y el escándalo público que se desenciadenó llevó al fotógrafo a tomar una decisión drástica: dejó de fotografiar. Durante años, el hombre que había creado uno de los testimonios visuales más importantes de la Barcelona del siglo XX abandonó prácticamente la cámara. Este silencio impuesto por la censura social y la amenaza legal es, en sí mismo, un síntoma revelador de la época: la España de los años sesenta no estaba preparada para mirar de frente a sus propios márgenes. El libro que habría de recoger este trabajo, «Izas, rabizas y fraicas», publicado en 1964, se convirtió así en una especie de testamento fotográfico involuntario, el único que Colom pudo producir antes de su largo silencio creativo.

Reconocimiento tardío y recuperación crítica

El reconocimiento institucional a la obra de Joan Colom llegó de forma significativa a partir de los años noventa y, sobre todo, en la década de los dos mil, cuando la recuperación de la fotografía española de posguerra por parte de críticos, comisarios e instituciones permitió reevaluar su contribución al medio. En 2002 fue galardonado con el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura, un reconocimiento que situaba su obra en el máximo nivel de la fotografía española. Al año siguiente, en 2003, recibió la Medalla de Oro al Mérito Cultural del Ayuntamiento de Barcelona, y en 2004 el Premi d’Arts Visuals del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Estos tres premios en tres años consecutivos subrayaban lo que los especialistas venían desde hacía tiempo: que Colom era una figura fundacional de la fotografía españa cuya importancia había sido infravalorada durante décadas.

En 2004, el libro-catálogo «Fotografías de Barcelona, 1958-1964», editado por David Balsells y Jorge Ribalta, ofreció una revisión exhaustiva de su serie capital, mientras que su obra fue objeto de una atención renovada en instituciones de primer orden. La Fundación MAPFRE incorporó su trabajo a sus colecciones, el Museo Reina Sofía de Madrid lo incluyó en su acervo y la Fundación Ivorypress publicó «Joan Colom. Álbum», un volumen que ampliaba la visión de su trabajo más allá del Raval. En el ámbito internacional, la Fondation Henri Cartier-Bresson de París le dedicó una exposición monográfica, y LensCulture difundió su libro «Les Gens du Raval» a una audiencia global, confirmando que las imágenes de aquel contable barcelonés trascendían el contexto local para hablar de cuestiones universales sobre la condición humana en los márgenes urbanos.

El MNAC y la primera gran retrospectiva póstuma

Joan Colom falleció el 3 de septiembre de 2017 en Barcelona, a los 96 años. Poco después de su muerte, el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) organizó la primera gran retrospectiva dedicada al fotógrafo, una exposición que cubrió toda su vida a través de la cámara, desde las ya icónicas imágenes del Barri Xino hasta otras imágenes inéditas que revelaban facetas menos conocidas de su obra. La retrospectiva del MNAC supuso la consagración definitiva de Colom como una de las figuras principales de la colección de fotografía del museo y como uno de los fotógrafos más importantes de la historia de Cataluña. La exposición demostró que su trabajo no se limitaba al Raval, sino que abarcaba una mirada amplia sobre la ciudad y sus gentes a lo largo de varias décadas.

El legado de Joan Colom es múltiple y va más allá de sus imágenes individuales. En primer lugar, su condición de fotógrafo no profesional —un contable que fotografiaba los fines de semana— es una prueba poderosa de que la fotografía no necesita dedicación exclusiva ni formación académica para producir obra de primer nivel. En segundo lugar, su método de trabajo, basado en la discreción, la repetición sistemática y la aceptación del riesgo, abrió un camino que la fotografía de calle española y internacional ha seguido desde entonces. En tercer lugar, su decision de fotografiar los márgenes sin voyeurismo ni compasión paternalista, sino con una mirada frontal y respetuosa, estableció un estándar ético que sigue siendo relevante en una época en que la fotografía de calle se debate entre la documentación y la invasión de la privacidad. Joan Colom demostró que era posible mirar de frente lo que la sociedad prefería no ver, y que en esa mirada valiente residía una forma de verdad que la fotografía podía ofrecer como ninguna otra disciplina.



Para conocer más sobre su trabajo:

MNAC (Blog): blog.museunacional.cat (Joan Colom)

Fundación MAPFRE: fundacionmapfre.org (Joan Colom)

Fondation HCB: henricartierbresson.org (Joan Colom)

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